AMOR REAL.
Un hombre mayor, con manos temblorosas pero mirada firme, le
hacía fotos a su mujer como si fuera la primera vez que la veía.
Como si la belleza del atardecer no pudiera compararse con
la de ella.
Y ahí entendí algo: El amor real existe.
El que cuida, el que elige, el que se queda, yo quiero eso.
No algo perfecto, sino algo verdadero.
Un compañero de camino que me mire como si el tiempo solo me
hubiera hecho más valiosa.
Que me admire, que me retrate con amor, que me elija, incluso
con las heridas, las risas y los años.






