CON AMOR Y CON GANAS.
Este verano me ha sentado genial, me ha devuelto la calma,
el amor y las ganas.
Lo he sentido al volver a sonreír a quien me rodea, al
ayudar a quien lo necesita, al intentar ser amable y sobre todo, al tratar de
hacer un poquito más fácil la vida del otro.
Porque en realidad, el otro no es “otro”: es una persona.
Y con nuestra actitud, nuestra disposición y nuestra manera
de estar, podemos cambiarle el día a alguien.
En esta época de transición y cambios, agradezco
profundamente el respeto que he aprendido a tenerme como ser humano.
A escucharme,
cuidarme y darme mi lugar.
Porque nada cambia realmente fuera si primero no nace
dentro.
Y hoy solo puedo decir: qué bonito volver a sentirme en
calma, con amor y con ganas.
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