COMPARTIR MI FELICIDAD.
Yo también era de esos que creen que el amor es hacer feliz
a la pareja.
Me desvivía por sorprenderla, darle regalos, resolverle sus problemas
y hacer todo lo posible por verla feliz.
Pero entre más le daba, menos recibía de ella y con el tiempo
fui acumulando resentimiento por su “falta de amor” hacia mí.
Con la terapia entendí que nadie puede hacer feliz a otra persona,
porque no es su responsabilidad hacerlo.
La felicidad es un trabajo interno, algo que cada uno
construye por sí mismo.
Ya no busco hacer feliz a una pareja, sino compartir mi felicidad
con alguien que también se haga cargo de la suya.

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