DISFRUTAR.
Si hay que ir a por algo, se va con todas las ganas, con la ilusión intacta,
con el corazón ardiendo.
Porque a lo que se desea de verdad, no se va con dudas, se va con el alma,
es una especie de valentía limpia, sin cinismo, sin estrategia.
Como esa energía que tienen los niños cuando corren hacia el mar,
sin pensar en el frío, ni en las olas, ni en si sabrán nadar.
Solo corren, porque sienten que ahí está la vida.
Y cuando algo te hace vibrar así, mereces ir tras ello sin miedo,
con la fe ciega de quien sabe que lo importante no es solo llegar
sino
disfrutar de las vistas.
Caminar con ilusión, eso ya es ganar.

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