CUIDAR NUESTRA ALMA.
Por diferentes que seamos, todos llevamos limitaciones que
nos pesan.
Pero cuando tenemos el coraje de reconocerlos y buscar ayuda, la carga
se vuelve más ligera.
Cuando finalmente abrazamos nuestra verdadera esencia, nuestro corazón
encuentra la paz que ha anhelado.
El autoconocimiento es la clave que nos libera a esa
serenidad que tanto buscábamos.
Primero debemos cuidar nuestra propia alma, llenándola de
compasión y aceptación.
Sólo así podemos realmente ofrecer el mismo cuidado a los demás,
porque nadie puede dar lo que no tiene.
Que todos encontremos la fuerza para enfrentar nuestra fragilidad y
así alcanzar la plenitud que nos espera en el centro de nuestro
ser.

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